Muchas gracias, Nieves

El pasado 18 de septiembre murió Nieves Cervero.

Poco antes me había avisado Amador, su marido y su gran compañero de vida, de la gravedad de su estado, así que el final no fue una sorpresa, pero eso no me evitó una enorme tristeza. Y con la tristeza llega a veces la tentación de la queja, sobre todo cuando piensas que a menudo no se reconoce lo mucho que aportan algunas personas en su paso por la vida, especialmente quienes más se han beneficiado, sin saberlo, de sus acciones. Pero es el propio recuerdo de Nieves, una mujer de presencia poderosa, siempre cordial, siempre interesada por todo y por todos lo que corta mis lamentaciones. Es verdad, abrió caminos para muchas mujeres que no lo sabrán nunca y no se lo podrán agradecer, pero dejó mejor la sociedad de lo que estaba.

En la imagen. Arriba de izquierda a derecha Pilar Gómez-Acebo, Menchu Ajamil, Eva Levy, Krista Wallochick, Nieves Cervero. Abajo a la izquierda Teresa Mendizábal y a la derecha Paloma Gascón.

Yo la conocí en 1991. Para esas fechas, en 1985, junto con la científica Teresa Mendizábal, había creado AMMDE (Asociación Madrileña de Mujeres Directivas y Empresarias) destinada a las profesionales de los más diversos sectores y de las generaciones que se habían abierto paso en la vida laboral saltando muchas barreras en soledad, o más bien, en el aislamiento que caracterizaba entonces las carreras femeninas, siempre luchando contra viento y marea.

Me vi reflejada en aquel espíritu, tanto que un año después me había implicado lo suficiente como para convertirme en secretaria general del grupo. La idea de crear un espacio para que las mujeres directivas nos encontrásemos, nos reforzásemos, pusiéramos en común nuestras dudas, dificultades y aspiraciones, era una buenísima iniciativa. Así era más fácil identificar los obstáculos que teníamos, hacer autocrítica cuando era preciso y aprender estrategia, que buena falta nos hacía a todas. Pero con más perspectiva, pienso que, siendo tan positivo todo eso, aún lo era más la transversalidad que presidía su concepto de asociacionismo: no importaban las procedencias sociales, no importaban las adscripciones políticas y no digamos las ideas religiosas. Teníamos en común unos objetivos, unas experiencias, unas ambiciones, unas dificultades.

No había enemigos, solo inercias que superar, personas a las que convencer de las ventajas de la igualdad, de la riqueza que aportábamos, del peso del talento femenino. Eso convertiría a AMMDE -y su posterior desarrollo hasta la federación FEDEPE– en un punto de referencia respetado en los ambientes políticos y económicos.
Prueba de la inteligencia de Nieves, de su generosidad, fue el esfuerzo por “tirar” de las mujeres que podían aportar mucho al grupo sin buscar ser ella la que brillase: así atrajo a Menchu Ajamíl -prematuramente fallecida-, consultora de la ONU con una enorme labor en muchos países americanos, a Isabel Yanguas, del mundo de la publicidad y ejecutiva internacional; a la magnífica Trinidad López -fue quién me contactó a mí-, que cambio una vida cómoda por su implicación en los incipientes problemas de la inmigración española -también la perdimos demasiado pronto-… Estaban la activa Pilar Gómez-Acebo; Martina Castro, cabeza jurídica tan necesaria para nosotras; la infatigable psicóloga Paloma Gascón, pienso en la headhunter Krista Walochik, o en María Sainz, una doctora a quien la pandemia ha dado una relevancia televisiva inesperada, cuando llevaba años como pionera y experta en educación para la salud… Que nadie se ofenda por el montón de nombres omitidos.

Otro aspecto magnífico de su iniciativa y que aún le daba más sentido era pensar, no solo en las que ya estábamos en el camino, sino en las jóvenes que venían detrás. Aunque no fuera posible evitarles obstáculos, al menos podían contar con un respaldo y una experiencia de la que sacar partido, sin olvidar que también se trabajaba activamente en cambiar las rutinas de las empresas y las generalidades igualitarias de las leyes para que la promoción de la mujer fuese un hecho y no una bondadosa aspiración.

En su vida profesional, Nieves había sido también una visionaria. De su actividad internacional había aprendido unas cuantas cosas y una de ellas eran las ventajas del trabajo temporal -a veces injustamente denostado-, que le llevaron a crear una empresa muy potente en este campo. Aunque no beneficiase solo a las mujeres, eran muchas las que podían volver al mercado por este medio o, en ocasiones, simultanear sus circunstancias personales con un sueldo liberador.

En un momento dado, Nieves dio un paso atrás, aunque sin abandonar del todo aquello que había impulsado. Supongo que conocería momentos agridulces, no solo respecto a lo que había creado, sino a las subidas y bajadas de “la causa” de la mujer, pero ni la crítica, ni el desánimo eran lo suyo. Siempre positiva, alegre y risueña -cariñosa también, cuando te acercabas un poco-, ahora que se habla tanto de “negociar” me hubiera gustado que nos dejase la fórmula secreta de cómo lo hacía. El caso es que era una persona muy fuerte, pero sabía cómo ser flexible.

Hemos avanzado mucho desde aquellos lejanos 80 y 90 pero queda tarea por hacer. Habrá que aferrarse a la luz de Nieves y a su capacidad para esperar algo mejor en estos momentos tan complicados y donde soplan vientos empobrecedores y sectarios. A las mujeres nos enriquece, nos empodera -palabra que no a todos gusta- la pluralidad, la diversidad y la generosidad. Ese era el estilo de Nieves Cervero. No olvidemos su legado.

Nieves, descansa en paz.

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