La Cuarta Revolución

Desde hace años y más de una vez he hablado de la urgencia de fomentar el estudio de las materias STEM -ese acrónimo que ampara las ciencias, la informática, las matemáticas, las ingenierías-, imprescindibles en esta sociedad que corre acelerada hacia un futuro de transformaciones inimaginables. Siempre he puesto el acento en las mujeres, sobre todo en las más jóvenes, por el riesgo que corren de mantenerse permanentemente en posiciones secundarias si rehúyen ese tipo de estudios. Actualmente, sin embargo, las luces de alarma también se han encendido para los chicos, lo que supone una igualdad de lo más indeseable. En el área STEM -como en cualquier otro campo- se necesitan/necesitarán doctores, pero también esa larga lista de profesiones anejas que conforman la pirámide de los empleos, en este caso de los mejores empleos, y que ya registra más demanda que oferta en los países occidentales y en el nuestro propio, tan castigado por el paro juvenil.

Por todo eso quiero traer aquí un programa de televisión que acaba de arrancar: La Cuarta Revolución, liderado por la divulgadora científica -de apabullante currículo- Silvia Leal. No se si la franja horaria elegida es la que me hubiera gustado, porque se ofrece los sábados, en La 2, a las 11,25 de la mañana, pero confío en que enganche a mucha gente, a muchos profesores y profesoras que se lo hagan llegar luego a los alumnos, y que lo vean directamente muchos estudiantes por cualquier plataforma.

No soy crítica de televisión, pero me parece que los dos episodios ofrecidos hasta ahora -cuando escribo estas líneas- están mejor que bien porque nos traen hasta casa, de la forma más atractiva, expertos que explican las fascinantes posibilidades que nos abren la tecnología y la ciencia y donde muchas veces los avances tienen firma española. El objetivo de La Cuarta Revolución no es asombrarnos con futuribles de ciencia ficción, sino despejar, por ejemplo, las dudas sobre el papel de los robots en el mundo laboral, o cómo ahora mismo la impresión 3D no solo revoluciona la arquitectura, sino que permite fabricar tejidos y órganos y humanos o ensayar operaciones muy delicadas antes de acometerlas. Algunas cosas parecen inquietantes: ese proyecto de implantes para el cerebro de DARPA (agencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos) y cuyo objetivo sería la descarga de recuerdos en un chip. Otras son esperanzadoras, como esa experiencia en una residencia de Cáritas en Coímbra donde los mal comprendidos robots ayudan en el cuidado más mecánico de los ancianos aligerando cargas y permitiendo a los trabajadores humanos centrarse en una atención más cálida para los residentes. Mientras la expansión del big data y la inteligencia artificial enriquecen los sectores económicos y productivos más inesperados, yo personalmente me entusiasmo con las posibilidades que la alianza de especialistas stem ofrecen a los discapacitados, tanto para mejorar sus vidas como para facilitar su imprescindible incorporación a la vida laboral.

Espero que el programa de Silvia Leal, buena experta en tendencias de futuro, tenga éxito y sobre todo facilite que los más jóvenes, habitualmente tan solidarios, entiendan todo lo que puede conseguirse en bien de la sociedad si superan los prejuicios y resistencias sobre lo difíciles que son las matemáticas, la física… Para conseguirlo se necesitan profesores debidamente entrenados de manera que transmitan entusiasmo y, por supuesto, un ambiente social más favorable: esto y no otras batallas estériles debería ocupar el debate público y el interés sincero de los políticos.

Advierte Silvia Leal que en una década -diez años, solo diez años- el 80% de los empleos actuales habrán desaparecido y el 85% de los que para entonces existan aún no sabemos ni cómo se llamarán. Los niños que están ahora empezando sus estudios o quienes todavía pueden cambiar su trayectoria profesional deberían tenerlo en cuenta. Cuando el pasado año el Ministerio de Empleo registró los peores datos desde 2013, la ausencia de gobierno no nos dio espacio para buenas reflexiones. En esta nueva etapa se necesitará algo más que eslóganes afortunados y puntos programáticos. Los cambios en educación, formación y reciclaje no se improvisan, ni se pueden implantar por real decreto y si el mayor nicho de empleo -y el más transversal- va a estar bajo el paraguas STEM, habrá que actuar en consecuencia. De momento, Silvia Leal esgrime, preocupada, que en ese tipo de carreras solo contamos en España con un 24,6% de los estudiantes y que en las últimas dos décadas el interés por esos estudios -más entre las chicas, pero también entre los chicos- ha retrocedido un 30% respecto al pasado, lo que implica que mientras escribo estas líneas haya 10.000 puestos de trabajo que no pueden cubrirse por falta de perfiles adecuados, para desesperación de muchos empresarios y con la consiguiente repercusión de la economía nacional.

Me gustaría que los objetivos de Silvia Leal se cumplieran porque La Cuarta Revolución no es un programa de ficción, pero está demostrado que muchos programas de la tele son un buen acicate de vocaciones: ¡si hasta han conseguido multiplicar los aspirantes a trabajar como chefs, con lo dura que es la cocina! En este caso se trata de hacer entender lo atractivas que son la ciencia y la tecnología y que no son carreras para raros, ni para raras (a muchas chicas, qué pena, les asusta el coste social de sus ambiciones en este sentido). Por eso lamenta Silvia Leal que “tan solo el 2% de las mujeres españolas trabaje en este sector y cada vez son menos las que se titulan en estudios superiores STEM, lo que explica que del total de titulados en estos estudios tan solo 14,6 % sean mujeres”. Como he dicho antes, si las mujeres no quieren acceder a los sectores con más futuro y mejor pagados va a ser difícil acusar a terceros de brechas salariales y demás inconvenientes.

Esta es una llamada de atención para el profesorado, para los padres, para las mujeres del sector que deben acercarse a las jóvenes y animarlas… Aunque, finalmente, lo que importa es darnos cuenta -los mayores, los jóvenes- de que el futuro depende de nosotros. Tenemos un ejemplo extraordinario en la fiebre por el cambio climático. Bienvenida sea, pero ¿cómo darles la vuelta a los problemas? ¿Cómo transformarlos en oportunidades? ¿Con manifestaciones? ¿Con fundamentalismos? Desde luego son dos vías más fáciles que formar parte de todas esas especialidades que ayudarían a la solución.

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