• Presentación LIbro Eva Levy
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Este junio electoral lo estoy viviendo –todos lo hacemos, supongo- como una extraña prolongación de ese diciembre 2015 en el que fuimos a las urnas envueltos en encuestas y profecías. No sé qué pasará el 26 J por la noche y mentiría si fingiera tranquilidad. Vivimos tiempos de cambios y no se trata de un eslogan del que puedan apropiarse tales o cuales siglas, sino de una transformación profunda en el que los ejes políticos han variado y nos arrastran tecnologías que están modificando de forma inimaginable las reglas de la producción, de la economía y de la vida social.

Se necesitan mentes abiertas para enfrentarse a esos cambios y ojalá sea eso lo que caracterice al gobierno que se constituya. Por si acaso, me acojo a un privilegio navideño, como es la posibilidad de escribir a los Reyes Magos, al ritmo del aire acondicionado más que de las zambombas, barriendo, eso sí, para mis intereses más queridos: diversidad y futuro de las mujeres.

Hablaba de mente abierta: ojalá se tenga con la educación, con la formación de los más jóvenes –es lo primero-, pero también de los adultos, que no pueden perder comba. Tienen que establecerse medios económicos, pero es bien sabido –salvo anteojeras demagógicas- que la calidad no depende únicamente del dinero y que la acumulación de tópicos y buenismos no es compatible con preparar a quienes van a vivir inmersos en un mundo marcado por las tecnologías y con estilos de vida y trabajo que necesitarán adaptación y flexibilidad. Esas tecnologías, por cierto, se convierten en una herramienta formidable para la propia educación. Yo pediría coherencia, debate, capacidad de rectificación cuando una medida no funciona, exigencia y equilibrio de "ciencias" y "letras", porque unas y otras son imprescindibles para el famoso I+D+i y para ejercitar la capacidad de reflexión, más necesaria que nunca para circular por ese futuro tan imprevisible. En ese plus que yo añado para las mujeres, pediría también un mayor estímulo a las capacidades científicas y matemáticas femeninas que aún se frustran en la escuela por dejación o estereotipos.

Prácticamente todos los partidos, al menos los que tienen vocación de gobierno, llevan la conciliación entre sus medidas programáticas. No es algo nuevo y en algunos aspectos, como puede ser el de los horarios y otros, son ideas que han estado en las manos de los parlamentarios más de una vez en anteriores legislaturas. Gran defensora de la conciliación como soy, creo que su éxito radicará, otra vez, en la coherencia, el debate y la capacidad de rectificación. Aunque pienso que la presión con los horarios puede acelerar algunos cambios, es preciso insistir en la necesidad de un estilo de trabajo más eficaz y productivo y menos presencial. La modernización de los procesos y un mejor uso de las tecnologías facilitarían las cosas, pero no podemos olvidar qué tipo de tejido empresarial tenemos en España y la rémora que representa su fragilidad de estructura y de beneficios.

La conciliación facilitaría la vida de las personas, seguramente repercutiría en la educación de los hijos y en la salud general, pero hay carencias que siguen sobre la mesa, aunque se disponga de más tiempo para la vida personal, y son las estructuras para el cuidado de los dependientes, por ejemplo, sean los más pequeños o los ancianos. Cómo abordarlo, esa otro de los retos que tenemos.

La conciliación no es cosa de mujeres, aunque a menudo se vende como un beneficio para ellas. Lo que sí es verdad es que parte de la brecha salarial que criticamos periódicamente, tiene mucho que ver con la dificultad para hacer frente a la vida familiar, ya que todavía recae sobre ellas. Si reduces jornadas o entras y sales del mundo laboral, sea con excedencias o con renuncias temporales al trabajo, las posibilidades de contar buenos sueldos se reduce bastante. Es verdad que ahora mismo los salarios son bajos (o muy bajos) de forma "igualitaria", pero las mujeres siguen llevando las de perder. El tema salarial daría para una carta monográfica a los Magos de Oriente, porque no puede quedarse como está en la actualidad, ni se puede solucionar con medidas mágicas de intervencionismo o de rentas complementarias (aunque puedan tener sentido estas últimas en ciertas condiciones).

La presencia de la mujer en el mundo laboral, desde el escalón más sencillo al Consejo de Administración, es todavía una realidad que necesita vigilancia y estímulos –aunque la primera obligada a ser exigente es ella misma-, pero vamos a una sociedad donde la diversidad no tiene ni tendrá solo rostro femenino: la incorporación de nuevas culturas –por la inmigración o la captación de talentos internacionales-, la necesidad de dar carta de normalidad a quienes tienen limitaciones físicas pero no por ello son menos competentes para buena parte de los trabajos, la conveniencia de retener y recuperar el talento "maduro"... son algunas de las realidades que necesitan retoques legislativos, campañas y, sobre todo, voluntad de utilizar todos los recursos humanos disponibles, en beneficio de una sociedad más rica en todos los sentidos.

Sin agotar todo lo que me gustaría pedir a los Reyes, los dos puntos anteriores me llevan al gran reto que supone gestionar la vejez, gestionar las pensiones, aunque hay pensionistas que no lo son por la edad, sino por otras circunstancias de la vida. El problema presente se viene gestando por un prolongado olvido de la familia y la maternidad –da para otra carta temática-, también por la penosa tendencia al paro crónico que se agrava en crisis como la que hemos atravesado. Pero no es menor la rigidez con la que se aborda esta cuestión, sepultada bajo tópicos, prejuicios y estereotipos de todo tipo. Algo se están moviendo las cosas, pero nuevamente me gustaría realismo y debate abierto. La pensión de jubilación debe estar en proporción con lo que se ha cotizado y no ser una consecuencia de los avatares de la regulación de gastos en las empresas como a veces sucede. También sería justo que se compatibilice de manera razonable una jubilación con trabajos temporales –o no-, de forma que se cotice, pero también se completen los ingresos. Tenemos un NIF/DNI de la cuna a la tumba y si le basta a Hacienda, le debería bastar a la Seguridad Social.

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