• Presentación LIbro Eva Levy
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
Previous Next
Submit to FacebookSubmit to TwitterSubmit to LinkedInWomenízaloCompartir en Google+

Quiero pensar que el año termina mejor de lo que empezó, aunque no sé si esta idea merecerá muchos like. En el tramo final de 2016 se ha producido incluso una noticia casi buena: los resultados del último informe Pisa sobre nuestros escolares. Resultan algo más esperanzadores que los precedentes y dan qué pensar sobre el uso eficaz de los recursos en algunas comunidades, donde han sabido invertir los magros medios en el refuerzo del profesorado y en contar con el apoyo de los padres y la auto exigencia de los alumnos para sus avances. Ojalá sea contagioso.

En conjunto, se mejora en comprensión lectora: básico para el acceso al conocimiento. También alumbran –por fin- algunas luces en matemáticas y ciencias, pero siguen siendo el punto más flaco de nuestros programas. Ambas son básicas en muchas carreras y trabajos y básicas para enfrentarse con solvencia a los compromisos económicos, las inversiones y los presupuestos, sean los domésticos, sean los públicos. El miedo/manía a los números, se ha saldado con muchos dramas en esta larga crisis, y nos debilita para los trabajos que anuncia el futuro.

Y de trabajo hay que hablar. Este mes participé como impulsora y asistente a un desayuno con mujeres directivas centrado en la transformación digital de la economía, simbolizada por la empresa, y en el papel de los consejeros/as. Organizado por Atos y ExcellentSearch, lo que allí se planteó se dirigía a las mujeres con aspiraciones al máximo liderazgo, pero la mayor parte de las reflexiones me parecen útiles para todos y deberían hacerse llegar a los jóvenes que se enfrentan al futuro.

Estamos inmersos en la digitalización y vamos a más, lo que significa, por encima de los aspectos tecnológicos, adecuar la mente y las estrategias a una nueva realidad que ya marca la forma de producir, trabajar, negociar, comerciar... El problema de esta transformación es, como dijo una de las ponentes –Carina Szpilka- que hay que cambiar las ruedas del coche con el coche en marcha.

Es importante tener esto en cuenta porque no basta con ser nativo digital para tener éxito, sino que hay que disponer –en el caso de quien tiene aspiraciones directivas o quien ya se sienta en un Consejo- de un perfil multifacet, como dirían los ingleses, y señaló Noelia Fernández (Prisa) donde cuentan la valoración realista de la tecnología y la comprensión de sus herramientas, pero también, y sobre todo, la capacidad crítica para analizar la sobreabundancia de información que nos llega por múltiples canales; la cultura para entender la complejidad del mundo en el que se opera; la audacia para gestionar un talento diverso que genere complementariedad y creatividad; comprensión del marketing, donde ahora no es pequeño el papel que tienen los nuevos consumidores, más activos e influyentes que nunca...

Si lo pensamos bien, la experiencia, la adaptabilidad y la capacidad para adelantarse a la jugada han sido siempre la marca del buen directivo y del mejor consejero, aunque hoy la tentación puede ser fiarlo todo a la compra de tecnología y olvidarse de que los desafíos de la empresa tienen más dimensiones que en el pasado reciente. Empezando por la evidencia de cada diez años se produce algún cambio básico en el sector. O por la convivencia de las grandes firmas con compañías de éxito clamoroso... que tienen como mucho veinte empleados. Y con la posibilidad de que se desarrollen nuevos espacios de negocio y relación en países sin apenas infraestructuras, como pasa en algunos enclaves africanos gracias a la tecnología móvil.

La tecnología cambia el mundo, como lo cambió el motor en su día: abruma la idea, se deben asumir algunos errores, pero hay que mirar el hecho de frente y ver cómo te va a influir, cómo lo vas a aprovechar, cómo cambiarán las reglas. Hermès, por decir algo estético, aceptó a la fuerza que el motor arrinconaría los carruajes y dejaría en puro deporte la equitación, y se las arregló para sus productos hicieran juego con el estilo de vida que traería el motor.

Tengo que volver a la base, a Pisa y a recordar algo que me preocupa sobre la formación profesional de las mujeres y que no es la primera vez que comento. La sociedad necesita múltiples trabajos y prácticamente todos van a estar bajo la influencia digital. Pero, de acuerdo con el último informe Randstad Research, de los 1.250.000 empleos que se crearán en España en los cinco próximos años, 390.000 corresponderán al sector STEM (en las siglas inglesas: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), donde los españoles fallamos y las españolas evitan enrolarse profesionalmente. Otros 689.000 empleos estarán relacionados con los anteriores, como asistentes, desarrolladores, etc. Y 168.000 se generarán como consecuencia indirecta de los anteriores. Me gustaría que las mujeres lo tuvieran en cuenta, pero es el conjunto de nuestra sociedad quien debe hacerlo.

A pesar de esos datos, algún que otro sindicato propone impuestos contra las empresas que utilicen robots en su producción, una petición sorprendente y que no evita el problema al que nos enfrentamos en España –y otros países destacados- como es la escasez de talentos para los empleos que exige el inminente futuro: la falta de ingenieros, la falta de expertos y de perfiles con un plus de conocimientos acordes a las urgencias del nuevo mercado de trabajo. En fin, que se quiere castigar por el uso de robots cuando lo que se necesitan son generadores de robots.

Es eso lo que debería preocupar a los responsables políticos, económicos y académicos: cómo se forma o se recicla la fuerza laboral; cómo se estimula el talento; cómo se afrontan las inversiones y las políticas en un país de pymes y micropymes para que no se pierda el tren de la digitalización y los proyectos que a veces se plantean en esas empresas sean sostenibles en el tiempo. El mapa de España –y de Europa- puede reflejar muy pronto nuevas y grandes diferencias socioeconómicas a cuenta de la capacidad para generar empleo de tecnología superior, algo que no se improvisa. Según el informe de Randstad, la brecha de desarrollo que se crearía entre esas regiones exigiría luego décadas de esfuerzo para cerrarse.

VER TRIBUNA - GESTIÓN EMPRESARIAL