• Presentación LIbro Eva Levy
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
Previous Next
Submit to FacebookSubmit to TwitterSubmit to LinkedInWomenízaloCompartir en Google+

Tenía previsto escribir sobre un asunto bien diferente, pero la muerte de Sofía Gandarias me obliga a rendir un mínimo homenaje a esta mujer que siempre me pareció extraordinaria.

Era una artista con los pinceles y lo fue en otras muchas facetas públicas de su vida, pero lo que hoy me importa destacar es su perfil humano. Su capacidad para elegir el compromiso sobre la comodidad, la solidaridad sobre un legítimo egoísmo, dado lo intenso de su agenda y sus múltiples intereses.

Pasé hace algunos años por uno de esos momentos oscuros que a veces nos impone la vida. Mi marido, sentenciado por un tumor, mi madre en los últimos días. Muchas personas nos acompañaron entonces y confirmaron amistades y lealtades. Y allí estuvo Sofía Gandarias que nada tenía que ver conmigo, salvo por el hecho de ser madre de un chico estupendo, Alejandro, amigo de mi hijo, ambos adolescentes y compañeros en el Liceo. Se enteró de lo que estábamos pasando en casa y como hubiera hecho una hermana encontró formas de proteger a mi hijo de la desolación en aquel momento tan vulnerable.

Yo, que siempre reivindico la solidaridad entre las mujeres, me encontré con el mejor ejemplo en ella, acompañándome en la enfermedad, ayudándome con mi hijo, convenciéndome de que saldría adelante.
No me debía nada y llegó más allá que cualquiera. Y sé que ese comportamiento no fue excepcional en su trayectoria humana.

Estoy acostumbrada a tratar con personas importantes y he encontrado gente muy valiosa, pero de Sofía Gandarias aseguro que podía brillar entre los mejores. Supongo que cometería errores, pero siempre tuvo el valor y la fuerza para tomar decisiones propias y apostar por las cosas que le importaban, fuera lo que se esperaba de ella o no. Podía haber llevado una vida agradable y cómoda, pero eligió sacar adelante su vocación como pintora y su amor por la música y la literatura. Elegante y guapa, podía haber sido solo una excelente esposa de –que lo fue del político Enrique Barón-, y una gran madre, pero se complicó la vida con múltiples asuntos y con sus propias causas.

Miembro de la Fundación Yehudi Menuhim España, de la que es presidente el gran europeísta Enrique Barón, trabajó y levantó la voz frente a tragedias e injusticias. Imposible olvidarme de su sensibilidad con el Holocausto y de cómo trabajó para que en España se recordara con una fecha y unos actos expresos.

A finales de diciembre de 2015 supe de su cáncer por el que falleció el 23 de enero. Lo silenció cuanto pudo, por ahorrar sufrimientos y para no darse tregua a sí misma, ya que estuvo trabajando hasta el último momento a pesar del dolor y la conciencia del final.

Es terrible dejar un vacío tan grande, pero a la vez es magnífico dejar una huella tan profunda y que tu vida no haya sido en vano.

VER TRIBUNA - EL ECONOMISTA