• Presentación LIbro Eva Levy
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Una de las consecuencias más funestas del mundo de locos en el que quieren que vivamos, o más bien que sobrevivamos, es que perdemos no solo el sentido, sino también el sabor de lo que decimos. Durante siglos, las palabras no fueron solo medios de comunicación. Podían ser también maravillas de creatividad, caudales de poesía, y hasta instrumentos de música cuando se transformaban en canto.

Nuestra lengua de hoy, y miren que yo no soy de las que viven en la nostalgia, me hace pensar en una comida sin gusto y a menudo sin alimento, uno de esos productos refrigerados bajo celofán que se venden en los supermercados y que compramos cuando no podemos hacer otra cosa. Lo que se pretende es que tengamos una expresión neutral, escueta, científica, de la cual absurdamente se supone que será el reflejo exacto de la realidad. Como si la realidad fuese monolítica esperando plácidamente a que un señor de estos, de la neolengua tecnocrática, venga a capturarla con un concepto forjado en algún oneroso taller de semántica aplicada.

Para no hablar del resto, lo de la familia monoparental me irrita cada vez que oigo esa palabra. ¿Pero a quién se le habrá podido ocurrir eso del "mono"? Difícilmente se podía imaginar un término más feo. Además, definir por la ausencia raramente es una actitud correcta. Una familia monoparental, si se aparta el adefesio de la palabra para ir a lo vivido en lo cotidiano, es una familia en la que la madre, ya que los padres en esa situación son mucho menos numerosos, trabaja mucho más, ama por dos, lucha por dos, se pregunta con angustia quien se va a quedar en casa con la criatura cuando está enferma, quien va ir por ella a la guardería o al colegio cuando al jefe se le ha ocurrido por fin, al momento de salir, una idea que podría ser interesante.

Y eso sin mencionar lo del salario único, también se podría decir «el monosalario »  y de los subsecuentes fines de mes de pesadilla. Mejor que focalizarse sobre el ausente, sobre el que se marchó para siempre o jamás se manifestó, no sería conveniente poner el acento sobre ese denodado esfuerzo de todos los días para conseguir sola lo que ya es tan difícil realizar cuando somos dos?

Hablemos pues de familia uniparental "uni", como único, en la plenitud del sentido, no sólo una persona, sino una persona excepcional. Claro que todas las familias son únicas y más ahora cuando la variedad de las mismas ha creado una situación nueva, cuyas consecuencias están aún por ver.

Digamos sencillamente que hay familias más únicas que otras.

VER TRIBUNA - EL ECONOMISTA