• Presentación LIbro Eva Levy
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La lectura del informe de PWC "La generación femenina del milenio: una nueva era del talento" tan rico de datos y reflexiones sobre cómo atraer, implicar, desarrollar y retener a la generación del milenio, la de nuestros hijos, o de nuestros nietos me ha llevado a una reflexión algo más teórica sobre lo que está en juego en las jóvenes generaciones.

La pregunta que me planteo es la siguiente: ¿se pueden conciliar las dos características fundamentales que el informe pone en evidencia? Por una parte, la búsqueda frenética de autonomía, la afirmación sin concesión del yo, el individualismo, transformado a la vez en acto de fe y en modo de vida y por otra parte la ansia de tener un feed-back inmediato, es decir necesitar al otro para obtener una respuesta que uno reconoce no poseer, por lo menos implícitamente. Esos dos elementos parecen lógicamente contradictorios, pero harto sabido es que existen dos tipos de contradicciones: la que se estanca en una aporía, es decir en un callejón sin salida, y la que es un proceso dialectico en el cual, gracias a la contradicción, se llega a un estadio post-contradictorio que no se podía prever inicialmente.

Pues bien, articular la información y la decisión no es cosa fácil, no se improvisa. Es tan fácil ahogarse en un tsunami de informaciones como tomar decisiones desacertadas por no tener ningún fundamento en la realidad.

Para las mujeres, durante tantos siglos marginadas de los procesos de decisión, aprender a decidir supone una renovación a la vez psicológica y cultural. Para un hombre, aceptar lo que la mujer aporta a la vez como información y como ayuda a la hora de decidir es a menudo algo inaudito. Las revoluciones culturales más profundas y las que más transforman la realidad no son aquellas de las cuales más se habla.
La generación del milenio, tan criticada y a veces tan exasperante, puede ser también la que realice concretamente la mejor o por lo menos una mejor armonía entre informarse y decidir.

La solución me parece residir en diferenciar dos tipos de principios inherentes al individuo. El principio de autonomía es un principio de decisión, de libertad. A la hora de decidir soy yo quien toma esa responsabilidad y acepto asumirla de manera duradera. El principio de información implica el reconocimiento de todo lo que el otro o la otra puede aportarme. Decidir es una actitud estéril si no va alimentada por un flujo permanente de información al cual se le debe reconocer dos funciones: alimentar el proceso de decisión y corregirlo, si fuera necesario, una vez que se ha producido. Una rigurosa coordinación de estos dos principios permite la promoción de un individuo autónomo pero no autista, no sólo responsable de la calidad de sus decisiones sino también eficaz en la corrección de los errores.

http://www.pwc.es/es/publicaciones/diversidad/la-generacion-femenina-del-milenio.html

VER TRIBUNA - EL ECONOMISTA