• Presentación LIbro Eva Levy
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Uno de los efectos más perversos del estado depresivo es la desaparición del horizonte. La idea de que no hay mañana, o que si existe será miserable, es letal y no dejan de asombrarme tantas voces empeñadas en propagarla. Por suerte, siempre tiran del carro los que pasan de los profetas y actúan a pesar y a contrapelo de la crisis. Nos contagiarían, si no estuviéramos tan pendientes del pasado y lo perdido.

Las mujeres debemos tomar ejemplo. Tras aguantar el primer embate de la crisis mejor que los hombres, la factura la pagamos hoy con creces y entiendo su desánimo. Sin embargo, estamos cada vez más cerca del reconocimiento que merecemos, aunque para aprovechar la oportunidad hay que abandonar la zona de relativo confort (lo malo conocido...) y lanzarse al futuro.

Bruselas, lenta en otras cosas, muestra prisa en destacar el valor económico de las mujeres, y nos insta a movernos. En los últimos años (y en plena crisis) la UE ha elaborado papeles y directivas en esa línea. Con una demografía pobre y la presión competitiva de tantos países, que hoy te compran las acerías y mañana la deuda, la UE no puede despilfarrar la fuerza, la formación y el talento de la mitad de sus recursos humanos.

Que la comisaria Viviane Reding nos haya abierto (sí o sí) los Consejos de Administración, es un símbolo. Pero Reding ha encabezado una iniciativa más importante, en mi opinión, aunque sin tanto impacto. Se refiere a las carreras de las mujeres.

La UE fía su supervivencia a la recuperación de la iniciativa (a partir de 2020) en tecnología y creatividad industrial y científica, para lo que se necesitan especialistas (se ha hablado de 300.000 ingenieros), hombres... y mujeres. Las mujeres, dijo Reding en un discurso de 2008, deben olvidarse de Cinderella (Cenicienta) y convertirse en Cyberella. La UE urge, sobre todo a las más jóvenes, a que opten a puestos de más valor añadido, del que se beneficiará el mercado interior.

Bruselas muestra prisa en destacar el valor económico de las mujeres, y nos insta a movernos

Porque el 46% de las profesiones que surgirán en los próximos años entrarán en lo que los norteamericanos llaman STEM, el acrónimo para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. Serán, por tanto, los trabajos más demandados y mejor pagados. Y ahí Europa y Estados Unidos se están tropezando con menos cabezas y manos de las necesarias para mantenerse al día.

Las occidentales copan la enseñanza superior, pero no superan el 25% de los puestos STEM. En algunas especialidades, como la informática, hay un retroceso notable desde la burbuja.com. En otras, como las ingenierías, el relativo incremento de estudiantes no casa con su ocupación posterior y se observa el abandono de tareas técnicas de primera línea al cabo de un tiempo. Las razones que se esgrimen son siempre sociales.

Incluso entre las personas más cultas está interiorizado el estereotipo de que los hombres, desde niños, están más capacitados para la ciencia, la matemática y lo espacial, mientras las niñas funcionan mejor en las humanidades y lo verbal. La idea es tan fuerte, entre padres y educadores, que las propias chicas, por buenos resultados que obtengan en matemáticas los valoran por debajo de la realidad y piensan que hay que ser excepcional para optar a carreras relacionadas, algo que no pasa entre los chicos.

No hay razones genéticas que incapaciten a las mujeres para acceder a los sectores STEM, pero algunos estudios señalan que el mensaje persistente y temprano de que eso no es lo suyo y que las que lo intentan son poco atractivas tiene un peso alarmante en la UE y los USA. La vocación importa, pero centrarse, casi en un 80%, en Educación, Salud y Humanidades, significa cierto conformismo. Proporcionan empleos seguros, ligados a la función pública, pero ahogan otras alternativas de las que, cerca de terminar el curso, no deberían privarse las nuevas generaciones.

Descargar Tribuna - El Economista