• Presentación LIbro Eva Levy
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JULIO | 2013

He participado hace unas semanas en el último Inspiration Day organizado Womenalia. No entraré en detalles organizativos porque hay información suficiente sobre ello en otros espacios de esta web, pero quiero confirmar que fue un éxito de asistencia y de elección de ponentes.  

Es muy estimulante que alguien –en este caso el equipo de Womenalia- ponga en marcha iniciativas contracorriente, ya que ahora es más fácil dejarse llevar por el desánimo y la crítica que actuar y llamar al esfuerzo y apostar por el futuro.

Y es muy positivo encontrar ejemplos de éxito en medio de la crisis, porque aunque esas luces no ocultan las sombras, a veces muy amargas en el mundo de la economía, conocer hombres y mujeres –el carácter mixto del encuentro es otro éxito del Inspiration Day- que le dan una vuelta al significado de términos como emprender, liderar o superarse, nos proporcionan un antídoto contra el derrotismo.

Algo me gustó especialmente en la jornada y fue la alusión que hizo María Gómez de Pozuelo, CEO de Womenalia.com al llamado “efecto mariposa” en relación con lo que puede conseguirse esparciendo ideas, pero también vínculos solidarios. Su propuesta era precisa: al menos ayudar a tres mujeres, que ayudasen a otras tres, y éstas a otras tres…

La solidaridad no nos haría iguales, porque no es interesante ni deseable, pero sí más fuertes al permitirnos hacer aflorar los problemas comunes, las fragilidades que aún nos acosan, las expresemos o no, y que siguen entorpeciendo nuestras aspiraciones.

Tengo debilidad por la solidaridad entre mujeres –somos las que más la necesitamos- y pienso que no se insiste lo suficiente en lo mucho que nos aportaría si interiorizásemos su valor. Esa solidaridad es compatible con la rivalidad profesional, con las diferencias ideológicas, con los distintos estilos de vida. La solidaridad no nos haría iguales, porque no es interesante ni deseable, pero sí más fuertes al permitirnos hacer aflorar los problemas comunes, las fragilidades que aún nos acosan, las expresemos o no, y que siguen entorpeciendo nuestras aspiraciones.

Siempre que asisto a un evento destinado especialmente a las mujeres espero que se active ese resorte de la solidaridad, que nos ayudaría, al terminar la reunión, a poner en práctica algo de lo que hayamos descubierto, gracias a las dosis de ánimo que siempre aporta saberse entre quienes comparten circunstancias comunes.

A menudo me gustaría que las ponentes que explican su éxito (más que merecido), contasen también la intrahistoria de ese éxito, las dificultades y zozobras con las han tropezado en el camino. Con frecuencia hacen eso tan femenino de no dar importancia a su lucha y tienden a atribuir su triunfo a terceros: es estupendo reconocer las deudas, pero la inyección de entusiasmo que recibe la mujer que escucha, ¿en qué queda cuando vuelve a su realidad y se encuentra frente a frente con problemas prosaicos de los que parece haberse librado la ponente gracias a la suerte, un mentor estupendo o un marido generoso?

Un día de inspiración es realmente un gran concepto, pero no deberíamos limitarnos –seamos invitadas, participantes o parte del “respetable público”- a recibir agradecidas ese baño de inteligencia y de estímulos, sino aprovechar para indagar, cruzar verdades, intercambiar preguntas y salir de allí más fuertes al haber compartido con nuevas compañeras de fatigas tanto preocupaciones como esperanzas. Esa es la fuerza de una red.