• Presentación LIbro Eva Levy
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
Previous Next
Submit to FacebookSubmit to TwitterSubmit to LinkedInWomenízaloCompartir en Google+

Publicado en Emprendia.org, con motivo del Congreso Innovatia 8.3 - Universidad Santiago de Compostela - 12 y 13 de diciembre de 2013

Hace poco se abrió en Madrid el Mercado de Motores, en el Museo del Ferrocarril. Promovido por Teresa Castanedo, allí se dan cita el primer fin de semana de cada mes empresarios creativos y un público cada vez más numeroso. El éxito está obligando a pensar en ampliar las fechas o buscar otras opciones. Además, se da trabajo a una veintena de personas, porque el trajín no es pequeño.

Lo interesante de esta idea, como de otras muchas forjadas por la crisis, es la aparición de formas de colaboración y generación de recursos de quienes quieren salir adelante contra viento y marea. Espero que muchas de esas ideas se mantengan, lo que fortalecería una necesaria independencia ciudadana frente a quienes (sector financiero, reguladores y responsables políticos) no han estado a la altura.

Business angels, crowdfunding, networking, coworking… son “palabros” que salpican el lenguaje de los pequeños negocios. Tal vez no les sirvan a las pymes de cierta relevancia, por desgracia, pero son el asidero que impulsa o mantiene en pie a muchos valientes que han optado por emprender.

Lo que nos dice la Radiografía de la Pyme 2013, elaborada por SAGE, es que el 80% de los autónomos y el 79% de las pymes no solicitan las subvenciones oficiales disponibles, y al 84% de los autónomos y al 76% de las pymes ya ni se les ocurre pisar un banco. Información confusa, condiciones draconianas y resultados dudosos, ¿para qué molestarse? La situación ha terminado por alarmar a la Comisión Europea, porque no es un mal solo español, y se teme por el futuro del tejido empresarial común, ya que de lo pequeño depende lo grande (y millones de puestos de trabajo).

El hecho es que el 55% de los autónomos españoles y el 49% de los empresarios han buscado para su actividad, en los últimos dos ejercicios, autofinanciación (indemnizaciones por despido), financiación alternativa y financiación familiar, aunque eso comprima sus aspiraciones, lo que es un perjuicio para todos, empezando por la generación de empleo.

Montar una empresa, y sobre todo resistir, no es cualquier cosa. Como ha señalado Soraya Mayo, secretaria general de la Federación de Autónomos (ATA) “se frivoliza mucho con el emprendedurismo porque no todo el mundo vale para ello. Hacen falta conocimiento, preparación y fortaleza mental”. Efectivamente, no todo el mundo aguanta la presión, sobre todo en un país que “castiga” el fracaso, de tal forma que el 64% de los que tropiezan no volverán a intentarlo jamás (a diferencia de lo que pasaría en Estados Unidos).

¿Qué papel juegan en este panorama las mujeres españolas? Estamos entre las menos emprendedoras de Europa, pero las cosas están cambiando. Un reciente estudio de la Business School de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) revela que, desde 2008, una de cada tres nuevas empresas españolas (30,8%) las ha puesto en marcha una mujer. A veces es difícil distinguir entre empresaria y autónoma (auto empleada o profesional liberal), pero también aquí, según la Confederación Nacional de Autónomos y Microempresas (CONAE), el 32,2% de los autónomos españoles son ya mujeres, un porcentaje que en diez años ha crecido un 45,4%; en cambio, en el caso de los hombres, tan solo lo ha hecho en un 30,6%. La media de autónomas en Europa es del 34,4%, lo que se considera en la Unión como un despilfarro de crecimiento económico y de empleo.

En el 63% de los casos, por lo que se refiere a España, las mujeres que crean una empresa no tienen formación específica para ello, pero eligen terrenos que conocen con resultados positivos: si un 70% de las empresas fracasa en los primeros 4/5 años, entre las mujeres ese porcentaje se reduce al 30%. Según el estudio de la UAC, realizado con trescientas empresas creadas entre 2008 y 2011, el 85,6% de las mujeres se ha nutrido de fondos propios (familia, amigos, ahorros, capitalización del paro…), porcentaje que baja al 79,5% entre los hombres.

Las mujeres, en general, aspiran a consolidar sus negocios antes que a expandirse, algo lógico en estos momentos, pero empobrecedor a largo plazo y lo que explica que conozcamos pocas empresarias de alto nivel. Pero de aquello que nos impide abandonar zonas de confort y pisar fuerte ya discutiremos cuando amaine el temporal.