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V Informe de las mujeres en los Consejos del Ibex-35

EVA LEVY PARTICIPÓ en:

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Para los afortunados, finales y principios de año se viven en familia. Qué suerte tenemos los adultos que podemos mirar o recordar a nuestros padres con admiración y cariño, incluso si cometieron algunos errores que el tiempo y la experiencia (la nuestra) ya han difuminado. Pero muchos nunca han podido permitirse en estas fechas ni la nostalgia ni la paz: para ellos Herodes no es un rey bíblico, ni una figurita del belén en un palacio de corcho pintado. Para ellos Herodes fue y sigue siendo papá.

Asistí hace unas semanas a la presentación del libro Hombres por la Igualdad, de Nuria Coronado. Es de la Editorial LoQueNoExiste y está muy bien ilustrado por Catalina Flora, con prólogo y epílogo cuidados. Contiene dieciséis entrevistas a hombres de todos los sectores –juristas, comunicadores, empresarios, músicos, policías o influencers- en las que reflexionan sin paños calientes sobre la violencia de género, doméstica o como quiera denominarse esa lacra infame. Lo más importante de este libro que recomiendo es, precisamente, que lo protagonicen hombres porque pienso que el acceso a la igualdad auténtica, a los cambios que nuestra sociedad necesita solo será posible con el concurso de los hombres.

Es verdad que muchos se resisten, no ya a perder privilegios hipotéticos o reales, sino a ver la realidad tal como es. Pero, a lo largo de mis largos años en la defensa de la mujer –al menos en la vertiente laboral-, me he encontrado con muchos altos responsables de compañías o con grandes profesionales que no nos regatean ni derechos, ni méritos, ni apoyo. Lo que falta, en mi opinión, es que ellos tomen más a menudo la iniciativa y pongan el dedo en la llaga, no frente a nosotras, sino frente al resto de los hombres. Es algo que nosotras debemos alentar por todos los medios.

Los malos tratos se dan en todas las capas sociales, pero son particularmente horribles allí donde las mujeres son más vulnerables económica o emocionalmente. Ricas o pobres, aguantan demasiado hasta pedir ayuda, atrapadas por la vergüenza y el miedo. El velo se ha levantado en las últimas décadas, pero queda mucho por hacer y, si las mujeres tenemos que ser solidarias con las que se ven en semejante trance, los hombres deberían ser implacables con sus congéneres violentos... cuando los detectan, porque los maltratadores no muestran ese rostro en público, aunque a menudo el lenguaje les traiciona.

Los hijos son los más olvidados en esa cadena de horrores. En 2004 se alcanzó la Ley Integral contra la Violencia de Género, pero hemos tenido que esperar hasta finales de noviembre de 2017 para pensar en mejorar las condiciones en que quedan los niños víctimas de la violencia doméstica. Los que quedan: desde 2004 al menos 23 pequeños han seguido la suerte fatal de sus madres. Unos 40 niños se convierten anualmente en huérfanos de madre, asesinada por el padre, lo que arroja una suma de 500 desde que se contabilizan a raíz de la Ley Integral. Socialmente, esos niños desaparecían tras el entierro de su madre (a veces también del padre suicida) y pasaban a manos de la familia materna o incluso de la paterna, lo que estremece. Recibían alguna clase de ayuda o pensión temporal si la madre había trabajado y cotizado, pero su protección, su asistencia psicológica, el respaldo a su nueva familia quedaba al albur. Por eso hay que alegrarse del Pacto contra la Violencia de Género, el único que se ha logrado firmar –con la abstención de Podemos- en esta complicada legislatura y esperar que se cumplan sus 212 medidas asistenciales, legislativas y de protección. La voluntad de llevar el Pacto adelante se demuestra con un presupuesto de 1.000 millones de euros en los próximos 5 años, aunque ya tiene un efecto y es el pago de una pensión a los niños afectados, al margen de las cotizaciones de la madre, lo que aliviará la situación de algunos abuelos y familiares, además de ser un asunto de justicia. Ahora hay que estar atentos al cumplimiento y mejora de cada medida del Pacto.

El día en que se presentó el libro –que arranca con la entrevista al hijo de Ana Orantes, la granadina cuyo espantoso asesinato puso en marcha la Ley Integral de 2004 - tomaron la palabra unos cuantos hombres que habían formado parte de ese 90 por ciento de pequeños testigos de la violencia familiar. Además de presenciar la violencia, un 57 suele compartir con la madre insultos y un 44 golpes. Pasan los años y, si esos hijos no han encontrado ayuda, todavía arrastran la falta de autoestima, la rabia, la ira, la depresión, la culpa, el sentimiento de impotencia del niño que un día fueron... Su testimonio, así como las declaraciones de todos los entrevistados en el libro Hombres por la Igualdad me parecieron una contribución extraordinaria al desafío de la violencia que nos interpela a todos.

De esas entrevistas, quiero entresacar algunas ideas que expresan los entrevistados y que nos deben hacer pensar a las mujeres sobre el imprescindible diálogo con los hombres que acelere la igualdad: 1.- La paridad es un tema de todos aunque hay mujeres que ven con desconfianza al hombre que se declara feminista o se interesa por asuntos feministas. 2.-La familia no es la única educadora hoy en día. Niños y jóvenes reciben mucha influencia de las redes, donde abundan los trolls neomachistas y se degrada a las chicas (pornovenganza). 3.- Los hombres han de repensar la relación con las mujeres (sugerencia de un divorciado en más de una ocasión). 4.- Tiempo de calidad para los niños y corresponsabilidad para que mamá no se identifique con las tareas oscuras y papá con las interesantes. 5.- Más herramientas para las mujeres, especialmente las más jóvenes. Algunas no se sienten concernidas por la violencia o no la distinguen si no hay golpes...

¡Que 2018 sea un año feliz y más cerca de la igualdad!

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