• Presentación LIbro Eva Levy
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
  • image
Previous Next

EVA LEVY PARTICIPA EN:

 logos

 

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO: "Empresari@s, una manera de estar en el mundo"

Lunes, 25 de septiembre | 10:00 horas - Edificio Bankia - Paseo de la Castellana, 189 - MADRID

AGENDA | INVITACIÓN

---------------

Eva Levy dirigirá como moderadora el Panel: "La honestidad es rentable en la empresa"

V Informe de las mujeres en los Consejos del Ibex-35

EVA LEVY PARTICIPÓ en:

 Jornada WomenCEO

Jornada "El Buen Gobierno Corporativo, Palanca de Creación de Valor"

Leer Intervención de Clausura

Índice Spencer Stuart de Consejos de Administración de compañías cotizadas en España.

Intervención Eva Levy en Grupo Informático IDC TV

LO ÚLTIMO

Informe: Inspirando: Cásos de Exito en diversidad de género

Submit to FacebookSubmit to TwitterSubmit to LinkedInWomenízaloCompartir en Google+

Estoy segura de que muchos de ustedes se habrán preguntado de qué estoy hablando al leer el título de este artículo. ¿CHLF? ¿Qué es eso de los CHLF? Pues los CHL, queridos lectores, son una institución tan remota que ni los que fueron testigos de su existencia se pueden creer que existió realmente. Yo era muy joven, pero recuerdo que, en los sesenta, los sufridos oyentes de Radio Nacional se veían azotados, con una periodicidad variable, por unos interminables y herméticos comentarios sobre ciertos Congresos Hispano-Luso-Filipinos cuya finalidad quedaba muy poco clara. Que se reuniesen españoles y portugueses parecía absolutamente normal, pero ¿cómo se podía explicar la presencia de aquellos filipinos tan lejanos, cada vez menos ibéricos y aún menos hispano hablantes?

Cualquiera que fuese la razón invocada para esas reuniones –a menudo se trataba de Congresos relacionados nada menos que con el Derecho-, lo que buscaban los tres regímenes dictatoriales –el de Franco, el de Salazar y el de Marcos- era demostrar que no estaban aislados, a pesar del rechazo que sufrían por parte de los países democráticos. Más allá de esa razón negativa, también se puede imaginar lo confortable y estimulante que podía resultar estar entre gente que compartía la misma veneración por el poder absoluto, ajeno a toda consideración democrática. Si los ingleses fueron los inventores de los clubes, con los CHLF nosotros creamos también un club: el de los que aborrecían el parlamentarismo tal como fue inventado, precisamente por los ingleses.

Se podría imaginar que todo esto ya pasó a la historia, una historia que se preferiría olvidar. Sin embargo, el concepto CHLF sigue vigente, aunque eso sí, mundializado y ultra-sofisticado. No se sabe cómo ni porqué –o no es momento ahora de averiguarlo-, han surgido por todas partes, simultáneamente, unos energúmenos que representan ideales políticos y sociales opuestos a los que parecían definitivos hace solo veinte años. Los Erdogan, Orban, Putin, Trump, y por poco la señora Le Pen, no son dictadores en el sentido tradicional y esperpéntico del término; poco tienen que ver en sus formas, al menos por ahora, con los Pinochet y Videla de nuestra juventud. Aceptan verbalmente la democracia, pero la reducen al voto que les dará los plenos poderes, o casi. Les unen el mismo desprecio al humanismo, el mismo odio de todo lo que sea un pensamiento libre, el mismo terror pánico y represivo a una prensa que no sea la expresión servil de sus ideas, la misma obsesión de la frontera percibida como un filtro para eliminar las impurezas: es decir, los seres humanos a los que la miseria o la violencia obliga a emigrar.

Estos mandatarios –o aspirantes a serlo- ya no se reúnen en congresos de parias, sino que se reciben unos a otros prodigándose signos de empatía, sobre todo en momentos electoralmente oportunos. Que Putin, un hombre que jamás ha ocultado su nostalgia por la difunta Unión Soviética, acogiera calurosamente, antes de las elecciones francesas, a la ultra-derechista Marine Le Pen, tratando de darle un empujoncito en sus aspiraciones presidenciales, es un signo más de la confusión total en la cual vivimos. Pretenden imponer a todos su visión de un mundo replegado sobre sus estructuras más arcaicas, sobre un nacionalismo esclerótico, a la vez que entregado a una economía exenta de todo control. Para eso se han inventado la locura esa de la post-truth, de la posverdad, llevando el relativismo a sus extremos más insensatos y el cinismo a la violación más descarada de lo que se consideraba como los principios intangibles de la ética.

Frente a la Unión Europea, entendida por ellos como paradigma de la decadencia y de la cobardía, representan otra unión más sombría: la de los que jamás creyeron que la razón pueda imponerse a la violencia, o que los problemas, por complejos que sean, puedan resolverse sin recurrir a una forma u otra de fuerza. Los antiguos griegos –siempre tan actuales- ya diagnosticaron en la hybris, en el exceso en el amor al poder, la causa principal de todos los males que aquejan a la humanidad; por lo tanto, nada nuevo bajo el sol. Lo que sí representa una novedad, con respecto a otros periodos de la historia, es que la fragmentación cada vez mayor de las sociedades en las que vivimos dificulta considerablemente la resistencia a tales personajes, mucho más escurridizos que sus predecesores.

En efecto, la circulación permanente de la información, en flujos tan intensos como confusos, constituye un instrumento potente de manipulación que rebaja la agitprop de los antiguos regímenes comunistas al rango de artefacto arcaico. Los anti-demócratas de hoy ya no tienen por qué matar a sus oponentes, por lo menos no tienen por qué matarlos sistemáticamente. Basta con intoxicar a la opinión pública, a la gente, haciéndole creer que todo lo malo es por culpa del extranjero, del otro, y que el multimillonario que da poderes sin precedentes a los más ricos será quien más beneficiará a los más desposeídos. Amén de negar los estragos que le produce al Planeta una economía basada en el único criterio del beneficio inmediato.

Está claro que los CHLF de los viejos tiempos eran un burdo trabajo de aficionados, si se comparan con las formas y medios que revisten actualmente las sinergias de quienes han decidido que se acabó, de una vez por todas, la aspiración humana a más justicia, más verdad, más fraternidad.